jueves, 6 de junio de 2013

FILLOSOFÍA DEL LENGUAJE

 
FILOSOFIA DEL LENGUAJE: WITTGENSTEIN
INTRODUCCIÓN
La crisis abierta en la fundamentación de la matemática a finales del siglo XIX, así como el impulso que reciben las ciencias en su desarrollo con las nuevas teorías (de la relatividad, cuántica, física atómica, etc.), hacen que los filósofos, sobre todo del área cultural anglo-sajona presten especial atención a problemas planteados en el terreno de la metodología científica.
Nace así el llamado "Movimiento analítico" que, entendiendo la filosofía como análisis del lenguaje, se desarrolla a lo largo del siglo XX fundamentalmente dentro del área cultural anglo-americana.
El Movimiento analítico se ha desarrollado en tres corrientes filosóficas más o menos sucesivas:
Atomismo lógico de Russell, que propone el "lenguaje lógico" como modelo del lenguaje científico.
Positivismo lógico o neopositivismo de los filósofos del Círculo de Viena, que desarrollan el análisis lógico del lenguaje como método para determinar el "lenguaje con significado", es decir, el científico.
Filosofía analítica que mediante el análisis del "lenguaje ordinario" amplían la perspectiva de la filosofía analítica más allá de la metodología científica.
Sin embargo, el movimiento analítico en cuanto tal, tiene a Wittgenstein como figura central, ya que es el verdadero impulsor de este movimiento y quien genera las diversas corrientes filosóficas que lo constituyen.
En su obra Tractatus lógico-philosophicus recoge el pensamiento de lo que se ha dado en llamar "primer Wittgenstein". Refleja las influencias del "atomismo lógico" de Russell y es, a la vez,  fuente de inspiración para los filósofos positivistas lógicos o neopositivistas.
En su obra Investigaciones filosóficas recoge el pensamiento del llamado "se­gundo Wittgenstein", y en ella revisa y amplía las teorías del lenguaje expuestas anteriormente, abriendo el camino a las diversas variantes que constituyen la "filo­sofía analítica".
 
 
EL MOVIMIENTO ANALÍTICO
El movimiento analítico tiene como común denominador el que todos los filóso­fos de las corrientes que lo conforman dan primacía al "análisis del lenguaje". Se trata de un movimiento de pensamiento (propio de ingleses y americanos) que quiere dar un viraje decisivo en la concepción de la filosofía.
 Durante el siglo XIX el pensamiento inglés estuvo dominado por el idealismo hegeliano. Sin embargo, a finales de siglo comienza a tomar cuerpo una reacción contra el mismo y una recuperación de la tradición empirista propia de la filosofía inglesa.
 Atomismo lógico: Russell, Frege y Moore
Esta reacción contra el idealismo neohegeliano y la recuperación de la filosofía empirista va a ser desarrollada en la Universidad de Cambridge por Russell, Frege, Moore. Su pensamiento lo podemos resumir en los siguientes puntos:
— Los seres individuales no se definen por sus relaciones a un conjunto, o lo que es lo mismo, en virtud del lugar que ocupan dentro de la totalidad, como pretendía el idealismo, sino que se definen mucho mejor por su independen­cia o autonomía. Una cosa u objeto es lo que es independientemente de que forme parte de un conjunto.
— Lo real no se puede definir por su relación esencial al pensamiento, o lo que es lo mismo, lo real no es lo que constituye el pensamiento, como así mismo afirmaba el idealismo, sino lo que está ahí, lo dado, los hechos que se dan, independientemente de una mente que los piense.
— El método adecuado a la filosofía no es el método sintético (la unión de un sujeto y un predicado), sino el "analítico" o método de la descomposición de las partes de un todo o disección de los elementos de un conjunto. El universo no es la totalidad, sino que consta de múltiples elementos, de muchas partes, consta incluso de átomos. De ahí que a esta corriente filosófica se le llama "atomismo lógico".
Este enfoque de la filosofía, esta actividad realista-empirista, y este método ana­lítico lo aplican al lenguaje. Quieren buscar una filosofía que enlace seriamente con la ciencia: y si la ciencia se expresa a través de juicios, proposiciones, enunciados, o lo que es lo mismo, tiene expresiones lingüísticas, el lenguaje debe constituir el objeto de la filosofía.
Russell y Frege analizan el lenguaje ideal o lógico, mientras que Moore analiza el lenguaje común u ordinario.
Es este interés por el análisis del lenguaje lo que diferencia al "movimiento ana­lítico" naciente del empirismo clásico, que centraba su interés en el origen de las ideas y en la elaboración de la teoría del conocimiento.
 
Positivismo lógico o neopositivismo
El positivismo, tal como se desarrolló a lo largo del siglo XIX. Acabó por presen­tarse como una concepción filosófico-científica inaceptable por dos razones:
— Por la crítica que le hizo el filósofo y literato Bergson, con su teoría del "élan vital", que destrozó al positivismo, al mecanicismo materialista y al cientifismo.
— Por la misma evolución de la ciencia: la teoría de los "cuanta", del físico Max Planck, y la teoría de la "relatividad" de Albert Einstein. socavaron la  fundamentación científica de la filosofía de Comte.
Sin embargo, el positivismo iba a surgir de nuevo revestido de un ropaje más moderno y actualizado, bautizado con el nombre de "Positivismo lógico o neopositivismo". También se le ha llamado "Empirismo lógico o filosofía del Circu­lo de Viena".
El "positivismo lógico" es una corriente del "movimiento analítico" y se caracte­riza porque su análisis filosófico lo realiza como una "actividad" clarificadora del "lenguaje". El análisis lo ejerce sobre las formas del "lenguaje científico" empleado por Max Planck y Einstein: se trata de un "análisis formalista del lenguaje", es decir, sobre las formas de un pensamiento científico.
 
El positivismo lógico o neopositivismo, se caracteriza, por:
Ser una filosofía del "lenguaje científico" sobre todo de la matemática, y usa como medio la lógica. Se trata de la "lógica matemática". Esta filosofía tuvo mucha importancia en el planteamiento y en el rigor de la problemática y metodología científica.
 
Ser una filosofía que no hace un análisis sobre el lenguaje, sino en su forma "idealizada", es decir, "análisis formal".
 
Ser una filosofía que pretende dar unidad a las "ciencias"; en el contenido, en el lenguaje y en el método. Todo lo que no quepa en estos términos son falsos problemas; de ahí, su rechazo a la metafísica. Ser una filosofía que ha dado grandes aportes al lenguaje: el análisis, la se­mántica, la semiótica (ciencia de los significados y teoría de los signos), el estudio de las lenguas formales buscando la corrección y el rigor para evitar ambigüedades.
 Filosofía analítica
La "filosofía analítica" es la tercera corriente filosófica integrada en el "movi­miento analítico". Esta corriente fue creada por discípulos y seguidores de Wittgenstein que agrupados en torno a las Universidades de Cambridge y de Oxford constituyen dos escuelas de la Filosofía analítica.
La "filosofía analítica" desarrolla el "análisis del lenguaje ordinario y proyecta a la filosofía más allá de la ciencia de nuevo.
 WITTGENSTEIN (1889-1929) 2.1  Vida y obras
Nace en Viena, por entonces uno de los principales centros culturales europeos, en el seno de una rica y culta familia industrial de origen judío. Su casa era centro obligado de reunión de los más ilustres representantes de las letras y de las artes de entonces.
1906. Estudia ingeniería en Berlín.
1908. Se traslada a Mánchester (Inglaterra) para seguir estudios de aeronáutica. Comenzó a interesarse especialmente por las matemáticas y por los proble­mas de su fundamentación científica. Entra en contacto con Russell y, a instancia de éste, con Frege, ambos interesados en la fundamentación de las matemáticas.
1912. Se preocupa más por la lógica y la filosofía que por la matemática y la ingeniería. Se traslada a Cambridge a estudiar lógica con Russell y Moore. A la muerte de su padre hereda una gran fortuna que distribuye en parte entre escritores y artistas necesitados.
1913       Buscando la soledad, se traslada a Noruega donde escribe Notas sobre Ló­gica.
1914    Regresa a Viena para alistarse como voluntario en el ejército austríaco par­ticipando en la Primera Guerra Mundial. Estando en campaña redacta su Diario e inicia la redacción de su obra: Tractatus Logico-Philosophicus
1916    Durante nueve meses es hecho prisionero y llevado a un campo de concen­tración, por los italianos, en Montecasino, donde concluye el Tractatus.
1920    Empieza su actividad como maestro de primaria en los pueblos de las mon­tañas de Australia hasta 1926. Durante estos años aparece traducido el Tractatus al alemán y al inglés. Entra en contacto con los del "Circulo de Viena" = Neopositivismo.
1925   Escribe un Diccionario para la escuela primaria, en el que recoge sus experiencias escolares sobre el aprendizaje de las palabras en los niños.
1927  Abandona la actividad escolar con los niños y se dedica a ser jardinero en un convento. Inicia una serie de trabajos relacionados con la arquitectura y la escultura. Le construye una casa a su hermana.
1929  Empieza a tener dudas sobre las ideas expresadas en el Tractatus y decide volver a Cambridge y renovar su dedicación a la filosofía. Se doctora en Filosofía con el Tractatus y se da a conocer en el Círculo de Viena. Revisa las teorías expresadas, y en particular la "teoría del lenguaje-figura" que sustituye por la teoría de "juegos del lenguaje". Esta teoría la expone en los Cuadernos azul, marrón y amarillo. En ellos recoge todas sus experiencias como maestro de primaria
1939   Sucede a Moore en la cátedra en la Universidad de Cambridge. En esta época escribe la primera parte de Investigaciones filosóficas. Abandona la Universidad para participar como voluntario en la Segunda Guerra Mundial, ejerciendo de ayudante de enfermero en un hospital de Londres.
1947   Renuncia a la cátedra de la Universidad y se retira a vivir en completa soledad. Escribe la segunda parte de Investigaciones filosóficas, concluida en 1949.
1951   Muere de cáncer en Cambridge en casa de un médico amigo. A él le hizo este último encargo: "Dígales que he tenido una vida maravillosa".
Si nos atenemos al propósito que subyace en toda la obra de Wittgenstein, su proyecto aparece como esencialmente unitario: "establecer los límites del lenguaje con el fin de mostrar que hay aspectos de la realidad a los cuales no podemos acce­der de un modo adecuado por medio del lenguaje lógico formal o científico.
Sin embargo, si nos fijamos en el contenido de sus obras más importantes, tene­mos que hablar de un "primer Wittgenstein", el del Tractatus, y un "segundo Wittgenstein" el de Investigaciones filosóficas.
Primer Wittgenstein: Tractatus logico-philosophicus
Antecedentes a la obra: Frege y Russell
Aunque Wittgenstein hizo estudios superiores de ingeniería (seguramente im­pulsado por su padre, que fue uno de los fundadores de la industria del hierro y del acero en Australia), sin embargo, a través de sus amigos e intelectuales que frecuen­taban su casa, vivía una honda problemática filosófica que se inscribe en la línea del pensamiento metafísico que va de Kant, Schopenhauer y Nietzsche, y se centra en la consideración de los límites de la razón.
 
En Inglaterra al ponerse en contacto con las obras de Frege y Russell, busca una clarificación lógica del pensamiento, es decir, la constitución de un "lenguaje que signifique algo de verdad", que tenga unos límites preciosos, que nos indique con seguridad el camino a seguir. A Wittgenstein le interesaba "el lenguaje en cuanto que es reflejo de nuestras posibilidades de hablar sobre el mundo"; su gran preocu­pación es explicar la naturaleza de las proposiciones, y gracias a las obras de Frege y Russell había llegado a una delimitación formal de "lo que se puede decir" al conseguir una fundamentación lógica de las matemáticas. Digamos algo sobre el pensamiento de estos dos filósofos:
Gottlob Frege (1848-1925)
Es considerado como el fundador de la lógica moderna y de la filosofía del len­guaje. Retomando a Leibniz. Afirma que los enunciados matemáticos (verdades de razón), no se obtienen inductivamente, sino "analíticamente"; es decir, que la verdad de los enunciados matemáticos, no depende del mundo externo o campo experi­mental, sino de la "comprensión" de los términos utilizados; está incluida en ellos.
 Como el lenguaje ordinario está lleno de ambigüedades, de inexactitudes, e in­cluso de equívocos, no sirve como medio de expresión para la ciencia; es necesario construir un lenguaje que nos capacite para hablar con verdad acerca de los hechos que acaecen en el mundo. Este lenguaje es el de la lógica basado en un sistema definido de signos y una precisa cadena deductiva que opera sobre tales signos.
Avanzando por los caminos de la lógica y siguiendo los procedimientos matemá­ticos, Frege, desarrolla la Lógica preposicional: estableciendo un sistema de signos, por medio de unas reglas de inferencias que operan sobre tales signos, se genera una sintaxis lógica. Sobre ésta, a partir de la distinción entre "sentido" y "referencia", se construye una dimensión matemática exacta que nos permite saber si una proposi­ción es verdadera o falsa. La "referencia" es el objeto extralingüístico, la cosa a la que se refiere el término, mientras que el "sentido" es lo que capta el individuo en el lenguaje como miembro de una comunidad lingüistica determinada.
Wittgenstein cree con Frege, que el primer requisito para filosofar es la gramáti­ca, pero en contra de él, considera que las proposiciones lógicas por ser tautológicas o verdaderas en si mismas, no dicen nada, no representan ningún estado de cosas.
Bertrand Russell (1872-1970)
Trabajó inicialmente en la fundamentación lógica de las matemáticas, lo que le llevó a la afirmación de un lenguaje ideal, lógicamente perfecto, necesario para evitar ambigüedades propias del lenguaje ordinario y enfrentarse así a la compren­sión de los hechos que acaecen en el mundo y satisfacer las aspiraciones cognoscitivas de la filosofía.
El análisis de los estudios lógicos de los hechos del mundo, le llevó a establecer sus teorías sobre el "lenguaje y la realidad"; la teoría del lenguaje se conoce como "atomismo lógico", y la teoría de la realidad, como "teoría descriptiva o referencial del significado".
Russell, adoptando un punto de vista empirista-fenomenista, reduce lo real, las cosas-objetos. a las sensaciones. Con las sensaciones, el entendimiento elabora sus propias "construcciones lógicas"; que no son, pues. sino "reflejos" de las cosas. Con frecuencia las cosas aparecen relacionadas unas con otras, se nos manifiestan en forma compleja; sin embargo, las cosas son simples, responden a los objetos indivi­duales que constituyen el mundo físico.
Paralelamente, el entendimiento las expresa también de forma compleja, enun­ciándolas mediante proposiciones moleculares (por ejemplo, "si llueve no podemos ir al cine"): sin embargo el análisis descubre que las proposiciones moleculares pueden reducirse a proposiciones atómicas (en el ejemplo anterior: "llueve" y "po­demos ir al cine"); esto es así, porque el lenguaje no hace sino descubrir la realidad, "referirla".
Como el lenguaje se constituye sobre nombres que designan objetos individuales físicos, el significado de tales nombres es el objeto que "describen".
Ahora bien, como estos objetos individuales físicos entran en relación unos con otros por medio de sus cualidades, componen lo que denominamos "hechos"; así cuando hablamos no nos referimos a objetos individuales físicos, sino a "hechos", es decir, a las relaciones de cualidades entre sí.
En definitiva, para Russell, mediante el lenguaje establecemos relaciones entre hechos y éstos son susceptibles de ser analizados lógicamente. Como la realidad aparece enmascarada por el lenguaje, a través de las "construcciones lógicas"; pro­pias del entendimiento, solamente podemos "acceder" a esa realidad a través del análisis de nuestras estructuras lógicas de pensamiento.
Wittgenstein, se apoya en la "teoría descriptiva o referencial" para elaborar su teoría "figurativa del lenguaje". En ella mantiene que el significado de un nombre es un referente extralingüístico, es decir, la cosa simplemente que nombra.
También se apoya en la "teoría del atomismo lógico" para expresar su teoría de la "función de verdad".
 El "tractatus": Teorías del lenguaje
El Tractatus es una de las obras más concisas y enigmáticas de toda la historia
de la filosofía. La obra consta de siete temas o proposiciones y va seguida de un desarrollo, también preposicional, de tipo decimal.
Este desarrollo consiste en una colección de sentencias cortas, concisas, sintéti­cas, expresadas en forma lógica y con cierta vaguedad poética, que le dan un marca­do acento enigmático. Por su estilo y los temas tratados resulta ser un libro difícil de comprender. De hecho desde el mismo momento en que se dio a conocer ha tenido múltiples interpretaciones.
Wittgenstein, al referirse a él, dice: "El libro trata de problemas de filosofía y muestra que la formulación de esos problemas descansa en la falta de comprensión de la lógica de nuestro lenguaje". Todo el significado del libro puede resumirse en cierto modo en lo siguiente: "todo aquello que puede ser dicho, puede decirse con claridad; y de lo que no se puede hablar, mejor callarse".
Estas palabras, junto con el reconocimiento de la dificultad de comprensión, explicitan el objeto del libro: "trazar unos límites a la expresión de los pensamientos". Como el pensamiento se expresa mediante el lenguaje, si analizamos en qué consiste éste, determinaremos lo que se puede decir.
El análisis del lenguaje, en esta obra, la realiza Wittgenstein partiendo de dos supuestos fundamentales, en dos teorías del lenguaje:
— Que la estructura del lenguaje es revelada por la lógica: teoría de la "función de verdad".
— Que la función esencial del lenguaje es presentar el mundo: teoría "figurativa del lenguaje".
Analicemos ambas teorías:
a) Teoría de la "función de verdad"
En los preliminares de "Notas sobre la lógica" (1913), ya había advertido Wittgenstein que la filosofía consta de lógica y ontología (y que la lógica era la base de la ontología).
Las proposiciones de la lógica son tautológicas y vacías, nada de lo que acaece en el mundo puede refutarlas ya que nada dicen acerca del mundo.
La lógica es un puro cálculo mecánico "a priori" que determina si ciertas combi­naciones de símbolos son válidas o no. están bien hechas o no, atendiendo para ello no al significado de dichos símbolos, sino tan sólo a las reglas sintácticas que rigen sus combinaciones. Si queremos saber si una proposición es o no lógica, lo único que tenemos que hacer es aplicarle el "método cero", es decir, construir su "tabla de verdad" y comprobar cuándo la proposición es siempre verdadera. La lógica da cuenta de sí misma.
Pero en el Tractatus, apoyándose en la teoría del "atomismo lógico", afirma que aunque la lógica no describa el mundo, es condición necesaria para cualquier des­cripción que pretendamos hacer del mismo. La lógica, dada su condición de trascendentalidad (sus principios son los más normativos y necesarios), nos dice la manera como de hecho pensamos, la forma como se nos presenta el mundo.
La lógica constituye la base para la epistemología: "es la proposición la que con su verdad o falsedad muestra la forma lógica de la realidad". La lógica es, por tanto un reflejo del mundo en cuanto que hace posible que podamos describirlo. La lógica se puede aplicar a cualquier sistema lingüístico que pretenda descubrir la realidad porque los lenguajes, en cuanto conjunto de proposiciones, son funciones de verdad de ciertas proposiciones elementales lógicas. El lenguaje y la lógica, al tener el mismo número y tipo de elementos, coinciden en la forma proposicional, son "isomorfos": "todas las proposiciones de nuestro lenguaje ordinario están efectiva­mente. tal y como son ordenadas de un modo completamente lógico".
 En resumen: el lenguaje para el Wittgenstein del Tractatus, es una colección de proposiciones, esto es, de enunciados que son susceptibles de verdad o falsedad. Proposiciones que en todo caso, en el contexto de la lógica, son elementales (atómi­cas) o compuestas (moleculares). Las proposiciones por sí mismas muestran su sen­tido, es decir, podemos captar si son verdaderas o falsas de acuerdo con el estado de cosas que representan. Es en el uso mismo de la proposición donde captamos inme­diatamente su sentido y donde podemos determinar si son verdaderas o falsas de acuerdo con el estado de cosas que representan. Asi por ejemplo: podemos decir "José es alto", pero no se puede decir "Altura es José", porque no representa nada. Así pues, sólo podemos hablar (afirmar o negar algo) con aquellas proposiciones que tengan una determinada forma lógica. La lógica se puede aplicar a ciertas pro­posiciones contrastándolas con los acontecimientos del mundo: "los límites de mi lenguaje significan los límites de mi mundo".
b) Teoría "figurativa del lenguaje"
Nuestro lenguaje conecta con el mundo porque su función principal es represen­tarlo, al igual que sucede entre el mapa y el terreno del que el mapa es representa­ción.
En la teoría figurativa, Wittgenstein quiere mostrarnos que la función del len­guaje es "representar" el mundo y para ello se apoya en la teoría descriptiva o referencial del significado de Russell.
Para que un lenguaje tenga una relación con la realidad, de manera que se pueda decir que sus proposiciones pueden ser verdaderas o falsas, se necesita:
— Que la realidad esté compuesta de objetos simples. Ya vimos, en Russell que el lenguaje se construye sobre nombres que designan objetos simples (cosas).
— Que las proposiciones atómicas figuren hechos de la realidad. Igualmente vimos que cuando los objetos individuales físicos están en relación unos con otros por medio de sus cualidades, componen lo que se llaman "hechos"; es­tos hechos los expresamos en forma de proposiciones.
A pesar de que las estructuras del lenguaje (nombres-proposiciones) y la estruc­tura de la realidad (objetos-hechos) consten de diferentes signos, sin embargo, en cuanto que tienen la misma forma lógica, comportan la misma forma de "figura­ción".
Es, pues, una "relación figurativa" la que mantiene el lenguaje con la realidad. La relación figurativa: consiste en la coordinación de los elementos simples de la proposición, es decir, los nombres con los objetos o cosas simples de la realidad. Cuando pensamos, lo que hacemos es proyectar unos signos proposicionales sobre un posible estado de cosas correlacionándolos biunívocamente. El pensamiento es intencional, hace referencia a algo distinto de sí mismo. Como el pensamiento se explícita en signos proposicionales perceptibles sensorialmente. en palabras, son éstas las que constituyen el sentido de la proposición y, si ésta es verdadera, mues­tran cómo están las cosas.
Si queremos entender el sentido de las proposiciones, lo que tenemos que saber es qué objetos designan los nombres que las integran. Una vez que conocemos su referencia, es la misma configuración de los nombres en la proposición la que mues­tra cuál es la posible configuración de las cosas en el mundo que representan. De esta manera la lógica se convierte en fundamento de la ontología.
El valor de verdad de las proposiciones elementales (atómicas) se determina com­parándolas con la realidad, decíamos anteriormente; determinando si lo que "figu­ran" acaece efectivamente en el mundo, decimos ahora. La proposición es un "mo­delo de la realidad", no en sí misma, sino tal como la pensamos una vez que nuestro pensamiento y las reglas que lo rigen, la lógica, determinan lo que vemos en el mundo. La proposición es la medida que aplicamos a la realidad hasta el punto que los resultados obtenidos dependerán del lenguaje elegido, lo que conlleva a la afir­mación de un relativismo ontológico.
Sin embargo, hay que advertir que todos los lenguajes, en cuanto sistemas de descripción del mundo, poseen en común la estructura lógica del pensamiento: to­dos vemos el mundo del mismo modo aunque no todos vemos en él las mismas cosas.
En consecuencia, con los planteamientos teóricos expuestos, Wittgenstein consi­dera que la lógica y la ontología, en cuanto que constituyen la explicación del orden del mundo, son los componentes de la filosofía.
Esta tiene como objeto esclarecer el significado de las proposiciones lingüísticas que nos dicen cómo es el mundo, la forma que presenta.
La filosofía como crítica del lenguaje
Wittgenstein, al plantear los problemas filosóficos en relación con el lenguaje y su trasfondo lógico-temático, aporta a la filosofía un cambio de perspectiva.
Tradicionalmente se venía considerando a la filosofía como una ciencia superior que aporta conocimientos específicos acerca de la realidad no alcanzable por nin­guna de las ciencias particulares. La filosofía constituía una teoría que, añadiéndose al resto de los conocimientos, los fundamentaba. Dentro de esta concepción de la filosofía, la lógica presentaba un carácter meramente "instrumental".
Para Wittgenstein, la filosofía no es una "teoría": sus resultados no son proposi­ciones filosóficas, sino que es una "actividad" que consiste en esclarecer el signifi­cado de las proposiciones del lenguaje; es una actividad lógica que muestra qué proposiciones son verdaderas o falsas y qué proposiciones carecen de sentido. Las primeras constituyen la ciencia natural, mientras que las segundas son las que tra­dicionalmente se han aplicado a la filosofía. Por lo tanto, la filosofía más que un saber que puede añadirse al de las ciencias particulares, es una actividad analítica que determina qué proposiciones aportan conocimiento, son verdaderas o falsas, y cuáles son sinsentido.
 Segundo Wittgenstein: "Investigaciones filosóficas"
Antecedentes: El positivismo lógico
Hacia el año 1920 se reúnen en Viena un grupo de intelectuales: físicos, mate­máticos, científicos, sociólogos, etc., en torno al profesor Movitz Schiick, catedráti­co de la Filosofía de la Lengua de la Universidad de Viena, interesados por la filoso­fía. El tema central de sus conversaciones eran las tesis del Tractatus de Wittgenstein.
Este grupo, conocido como "Circulo de Viena", por medio de contactos, inter­cambio de profesores y congresos, estableció relaciones con diversos científicos de otras universidades que tenían puntos de vista comunes. De este modo, surgió la corriente filosófica denominada "positivismo lógico" o "neopositivismo", segunda etapa en el desarrollo del "movimiento analítico". Con el triunfo del nazismo y la muerte de su fundador en 1936, el grupo se dispersó, sobre todo por Estados Unidos y Gran Bretaña. Junto a Schiick. son neopositivistas: Waismann, Carnap, Neusath, Hann, Hempel, Nagel y Ayer, entre otros.
El "positivismo lógico" como corriente filosófica, está integrado por científicos a los que les une una actividad critica de rechazo a la filosofía especulativa "a priori" y trascendental, en su intención de sustituirla por una filosofía científica basada en hechos. Por lo tanto, niegan la metafísica y afirman la ciencia natural.
Los presupuestos filosóficos que fundamentan esta actitud neopositivista, son: el empirismo, el positivismo y las teorías del Tractatus.
Del empirismo tomaron la diferencia establecida por Hume, entre enunciados que versan sobre "relaciones entre ideas" y enunciados sobre "hechos". Los prime­ros se dan en la lógica y en la matemática, su verdad se verifica por sí misma, son tautologías y no ofrecen informe sobre hechos. Los segundos son propios de las ciencias empíricas y su verdad solamente puede verificarse mediante su comproba­ción empírica, contrastándola con los hechos. En consecuencia, como los enuncia­dos de la metafísica no son tautologías y van más allá de la experiencia sensible, carecen de valor.
— Del positivismo retoman la convicción de que lo único que interesa es el conocimiento científico en cuanto que es el único capaz de proporcionar conocimientos ciertos. La metafísica al no caer bajo el ámbito de la ciencia no da conoci­mientos ciertos.
— De las teorías contenidas en el Tractatus retoman aquello que le sirve para renovar los presupuestos empiristas y positivistas. A los neopositivistas les interesa, más que el conocimiento en cuanto tal o el conocimiento científico en especial, analizar las proposiciones científicas con el fin de averiguar cómo adquieren su significado. Como en el Tractatus se afirma que el lenguaje representa la estructura lógica de los hechos y es la figura de la realidad, solamente el lenguaje de la ciencia natural tiene sentido, ya que. es el único que presenta una estructura lógica y es contrastable con la realidad.
Por lo tanto, el lenguaje de la metafísica no puede ser considerado como tal. luego no tiene sentido.
Por otra parte, para los neopositivistas el nuevo método científico del filosofar consiste en el "análisis lógico de las proposiciones y conceptos de la ciencia empíri­ca". La ciencia se basa en la observación sistemática de hechos expresados por me­dio de un sistema de proposiciones, las cuales responden, en última instancia, a la estructura lógica de los hechos observados. Las proposiciones de la ciencia refieren hechos y son los únicos que tienen un significado. Le corresponde, pues, a la filoso­fía analizar cómo una proposición se refiere a hechos, cómo se convierte en cientí­fica, y, por consiguiente, cómo adquiere significado.
Según los neopositivistas, una proposición adquiere significado cuando pode­mos establecer su "método de verificación", es decir, cuando podemos establecer su veracidad o falsedad. Una proposición es científica cuando podemos verificarla mediante una observación que la confirme o la niegue como tal. Como la ciencia es empírica, refiere hechos físicos; solamente las proposiciones empíricas pueden ser verificables, comprobadas experimentalmente.
De este modo, los neopositivistas establecen una concepción "fisicalista", es de­cir, conceden un valor modélico a la física. (Recordemos que gran parte de los neopositivistas son físicos).
Revisión de las teorías del Tractatus
Wittgenstein consideraba que su obra filosófica, el Tractatus, tenía una estruc­tura cerrada en la que todos los cabos habían quedado bien atados, y todos los pro­blemas filosóficos resueltos. Sin embargo, las nuevas experiencias docentes, como maestro de primaria, las lecturas y el contacto con neopositivistas del Círculo de Viena, resquebrajaron la seguridad en las ideas expuestas en el Tractatus. Su mente inquieta siguió trabajando; por lo que una vez que consideró que podía continuar desarrollando su trabajo creativo en la filosofía, volvió a Cambridge a madurar sus ideas. Así, los escritos de 1929 a 1945 suponen la transición o el desmantelamiento de las teorías del lenguaje, contenidas en el Tractatus. Es un período crítico.
¿En qué consiste esta transición?
a) Wittgenstein observa que el lenguaje ordinario tiene una serie de proposicio­nes que son vagas, imprecisas, ambiguas, pero, sin embargo, sirven para nuestros fines de comunicación humana. La gramática del lenguaje ordinario es mucho más amplia que la gramática del lenguaje lógico. La proposición, la oración, el lenguaje, son una representación o figura de la realidad, pero incompleto, lo cual no quiere decir que no tenga sentido.
Empieza así a ver las ventajas del lenguaje ordinario, lenguaje de la expectativa, que son las proposiciones que apuntaban al futuro, las cuales no tienen sentido por­que sean verdaderas o falsas, sino porque "desempeñan una función dentro de la vida humana" y tienen su propia lógica. Tiene cabida otro lenguaje, el lenguaje "usual": el que no solamente se dedica a reflejar el mundo, sino que sirve también para otras muchas cosas, como rogar, mandar, interrogar, etc.
b) Los Cuadernos Aiul y Marrón suponen ya una revisión más sistemática de las teorías del lenguaje científico, recogidas en el Tractatus. Son unos apuntes de transición entre el Tractatus y las Investigaciones, en los que se recoge la teoría de los "juegos del lenguaje".
Ahora lo que va buscando es el significado de las palabras, del lenguaje en el uso normal que emplean los hablantes en sus diversos contextos, situaciones, esta­dos, etc. puesto que, antes que observadores de nuestro lenguaje, somos en realidad los "usadores" que utilizamos ese lenguaje: antes que los análisis que revelan el significado de nuestras palabras, somos nosotros los que sabemos lo que hemos querido decir con ellas.
De este modo, el significado de una palabra "es su uso en el lenguaje, no su verdad o falsedad lógica". El lenguaje ordinario prevalece ahora sobre el lenguaje lógico. Asi pues, la fórmula que empleaban los analistas de la filosofía analítica será: "no preguntes por el significado, pregunta por el uso".
El lenguaje, pues, no tiene una única función: representar científicamente al mundo, usando palabras totalmente adecuadas, casi perfectas, sino que el lenguaje tiene múltiples usos que pueden entenderse como "juegos del lenguaje".
"Investigaciones filosóficas": teorías del lenguaje
En esta obra es donde Wittgenstein hace la exposición más completa y siste­matizada de sus nuevas teorías acerca del lenguaje y de la filosofía. Es el cuerpo doctrinal fundamental del segundo Wittgenstein.
 La obra consta de dos partes: la primera redactada entre 1941 y 1945. está escri­ta en párrafos numerados del 1 al 693 y presenta una estructura muy heterogénea. está integrada por escritos anteriores, reelaborados; la segunda parte fue redactada entre 1947 y 1949 y se compone de catorce capítulos relativamente cortos. Como su aplicación fue postuma, carece de la revisión del autor.
El análisis del lenguaje, que Wittgenstein hace en esta obra, parte de la conside­ración del "lenguaje ordinario" y tiene como ejes centrales la "teoría de los juegos del lenguaje" y la "teoría de la determinación del sentido por el uso".
En el Tractatus consideraba el lenguaje a través de las relaciones que la palabra tiene con la cosa referida, por medio de una significación o una representación. Las palabras nombran los objetos, los representan y, de este modo, adquieren su signifi­cado. Pero esta teoría de la significación presentaba dificultades:
— Hay palabras que no tienen referencia alguna a objetos, sino que solamente tienen uso funcional dentro del lenguaje, como es el caso de las palabras que sirven para relacionar a la gente. Cuando se dice: "Allí hubo serrucho" o ésta, "es un tipo muy mañoso".
— Con las palabras no solamente hablamos acerca de los objetos, sino que hace­mos las cosas más diversas. Por ejemplo: mediante exclamaciones "significa­mos" actitudes de dolor, peligro, admiración, ruego, mandato, etc. Incluso con frecuencia establecemos comunicaciones con significado mediante "ges­tos". Las palabras, pues, no tienen un significado determinado, sino que éste depende del contexto en el que las usamos.
— No podemos concebir el lenguaje como algo constituido independientemente del sujeto que lo expresa.
— No es posible "nombrar" objetos sin antes saber "usar" los nombres.
— Los nombres abstractos tienen significado y. sin embargo, con ellos no nos referimos directamente a ningún objeto concreto.
a) Teoría de los "juegos del lenguaje"
El significado de las palabras en general, más que depender de ellas mismas o de su referente, dependen de lo que hagamos con ellas, del contexto, de las situaciones, de lo que queremos describir, etc. En definitiva, las palabras tienen el significado que "alguien" les da, de acuerdo a un "aprendizaje" y consiguientemente a un "ejer­cicio". El lenguaje fundamentalmente es "una actividad" que se lleva a cabo si­guiendo unas reglas, es un "juego"; por consiguiente, habrá tantos lenguajes como juegos lingüísticos que seamos capaces de recrear.
Las palabras tienen el significado que nosotros les damos. A la hora de elaborar una teoría del significado no podemos partir del lenguaje como algo ya determina­do, sino que tenemos que analizar lo que hacemos con el mismo. En toda práctica lingüística aparecen determinadas expresiones entrelazadas con una serie de actuaciones. Partiendo de este hecho, Wittgenstein introduce su noción de "juego de len­guaje"; llama "juego de lenguaje" al todo "formado por el lenguaje y las acciones con las que está entretejido". Sólo si captamos las relaciones internas entre nuestras acciones llegaremos a conocer las relaciones internas de la práctica lingüística y en consecuencia, conocemos el significado de las expresiones lingüísticas. Hay mu­chas prácticas lingüísticas. Las palabras presentan multitud de funciones, se dife­rencian por lo que hacemos con ellas en nuestra vida ordinaria. Para explicar esto, Wittgenstein usa una comparación: "pensemos en las herramientas de una caja de herramientas: martillo, tenazas, sierra, destornillador, clavos, tornillos, etc. .... apa­rentemente son uniformes, pero cuando los utilizamos cada uno tiene un uso dife­rente según la actividad que realizan". Lo mismo pasa con las palabras, en aparien­cia todas las palabras que constituyen un lenguaje son iguales, pero tienen diversi­dad de funciones, y se diferencian por lo que hacemos con ellas en el uso.
Según esto, las palabras no tienen "significación", tienen "uso", constituyen una actividad con la cual nombramos objetos, actuamos siguiendo órdenes, describimos objetos por su apariencia, fabricamos objetos de acuerdo con dibujo, relatamos suce­sos, hacemos conjeturas, formamos y comprobamos hipótesis, inventamos historias, contamos chistes, traducimos de una lengua a otra, suplicamos, maldecimos, salu­damos, rezamos, etc. Es decir, con el lenguaje hacemos las cosas más diversas, con­tinuamente lo estamos recreando. Lo único que tienen todos los posibles lenguajes en común es un "cierto parecido de familia" que nos permite relacionarlos entre sí:
los juegos componen una familia.
Lo que Wittgenstein quiere expresar con esta teoría de los "juegos del lenguaje", es que el lenguaje no solamente es algo necesario para poder vivir, para comunicar­nos con los otros, para describir la forma que presenta el mundo, sino antes que eso, el lenguaje, es un modo de hacer, de concebir el mundo, es una forma de vida: "la expresión, juego de lenguaje, debe poner de relieve que hablar el lenguaje forma parte de una actividad o de una forma de vida".
b) Teoría de la determinación del sentido por el uso
Si el lenguaje es un juego, constituye una actividad: no puede afirmarse, sin más la existencia de un único o "modelo" de lenguaje: el formal o referencial; tampoco que haya un único "juego": el lógico y el científico. Hay muchos lenguajes con sig­nificado, tantos como juegos que responden a los distintos "enfrentamientos" que el hombre tiene con las cosas con los distintos acontecimientos de la vida.
Consecuentemente, es necesario advertir que toda actividad lingüística, como todo juego, conlleva el seguimiento de unas "reglas más o menos convencionales", que lo hacen posible. Estas reglas no son fijas, sino que dependen del lenguaje, del juego que haya de presentarse. Es distinto el lenguaje del deporte, que el de la clase de filosofía o del que se habla en la discoteca. Siempre habrá que hablar, usar pala­bras de acuerdo a la situación a la que se tenga que responder. Por lo tanto, a la hora de practicar un lenguaje, más que las reglas internas que regulan su funcionamien­to, tenemos que responder a cómo tenemos que usarlas. Es el uso el que "determina" el significado en función de las jugadas (pensemos, por ejemplo, en el juego de ajedrez). Aprender un lenguaje consiste, pues, en aprender reglas de uso de sus palabras al modo como aprender el juego de ajedrez, es decir, el movimiento de sus piezas. Sabemos un lenguaje cuando usamos bien en repetidas ocasiones sus reglas. Las reglas muestran la aplicación a seguir, pero, a la vez, deberán ir acompañadas de un esquema que determine su uso.
Las reglas determinan su propia aplicación, es decir, determinan lo que debe hacerse, lo correcto, ya que son usadas por las personas para proceder de cierta manera y obtener así ciertos resultados; resultados que son normalmente percibidos por la comunidad a la que pertenecen, como correctos: "seguir una regla es análogo a obedecer una orden". De este modo, las reglas explicitan la relación interna exis­tente entre el significado de las palabras y el hecho de que debemos utilizarlos de cierta manera en determinadas circunstancias. La práctica del lenguaje es una habi­lidad que se adquiere con el aprendizaje y se desarrolla con el uso, respondiendo a las diversas situaciones que a diario nos presenta la vida.
Todo esto lleva a la conclusión de que si queremos determinar el significado de las palabras debemos atender, en primer lugar, cómo las usan de hecho, los hablantes del lenguaje: ¡No preguntes por el significado, pregunta por el uso". Tarea que se lleva a Wittgenstein a proponer ahora como objetivo de la actividad filosófica el análisis del uso correcto del lenguaje.
La filosofía como terapia del lenguaje
Al igual que en la etapa anterior, Wittgenstein sigue concibiendo la filosofía como actividad cuya tarea consiste en "trazar límites del sentido", es decir, "indicar lo que se puede decir y lo que no se puede decir". Ahora bien. si en la primera etapa la delimitación del sentido estaba establecido por la actividad lógica, ahora en esta etapa de las investigaciones, los límites del sentido se establecen de acuerdo con los criterios que marcan los diversos usos o juegos del lenguaje, analizando las reglas que determinan su funcionamiento. Por consiguiente, ya no existe un criterio único y preciso de significado (el lógico), sino que los criterios los tendremos que estable­cer de acuerdo con los usos del lenguaje, cuyo significado tratamos de analizar.
Analizando el lenguaje de este segundo modo, se constata que los problemas filosóficos surgen como consecuencia de una mala interpretación de los usos del lenguaje, es decir, son problemas lingüísticos. Si usamos mal las palabras, surgen malentendidos o confusiones de uso. Por ejemplo: "creer que el lenguaje ético tiene el mismo valor que el psicológico al usar las palabras "conciencia, conducta, regla, norma, etc.". En estos casos, la filosofía debe disolver, no resolver, los problemas filosóficos, es decir, las confusiones del lenguaje.
 
Dice Wittgenstein: "los resultados de la filosofía son el descubrimiento de algún que otro sinsentido y de los chichones que el entendimiento se ha hecho al chocar con los límites del lenguaje. Estos chichones, nos hacen reconocer el valor de este descubrimiento". Cuando hablamos, tenemos que hablar el lenguaje de cada día. La filosofía no puede en modo alguno interferir con el uso efectivo del lenguaje, sola­mente puede describirlo. Un problema filosófico tiene la forma, "no de salir del atolladero"; el objetivo de la filosofía es "mostrar a la mosca la salida de la botella cazamoscas", es decir, no es cosa de la filosofía resolver una contradicción por me­dio de un descubrimiento, sino haciendo ver el estado anterior a la solución de la contradicción.
El hecho fundamental es que establecemos reglas para un juego, y cuando las seguimos y las cosas no marchan como habíamos supuesto, nos enredamos en nues­tras propias reglas. Es, pues, este enredarse en nuestras propias reglas lo que hay que entender, lo que hay que ver sinópticamente. Y esto arroja luz sobre nuestro concepto de "significar" ya que en este caso las cosas resultan de modo distinto de lo que habíamos previsto.
Los problemas lingüísticos, los sinsentido, adquieren la categoría de síntomas de una enfermedad que la filosofía debe diagnosticar y curar, hacerlos desaparecer por completo comprendiendo que han ido más allá de los límites del lenguaje. La filosofía es una terapia del lenguaje que desvela el mal uso que ha ocasionado el problema filosófico y lo disuelve.
Wittgenstein y la filosofía analítica
Los nuevos temas que sobre el lenguaje y la filosofía elabora Wittgenstein en su segunda etapa de pensamiento tuvieron una gran resonancia de inmediato. Surgie­ron discípulos y estudiosos que profundizaron en estas teorías y en sus aplicaciones analíticas, que fueron constituyendo las bases teóricas de la corriente llamada "Filo­sofía analítica", tercera corriente filosófica del "movimiento analítico". Esta co­rriente ve en las tesis de Wittgenstein el apoyo necesario para fundamentar sus cri­ticas hacia los seguidores de la corriente neopositivista.
El surgimiento de esta corriente se debió, en gran parte, al descontento por el rumbo que había tomado la corriente filosófica neopositiva, que reducía la filosofía al análisis lógico-cientifista.
Los seguidores de la "filosofía analítica" encontraron en las tesis de Wittgestein el apoyo teórico necesario para fundamentar sus criterios contra los neopositivistas y el remedio eficaz con el cual superar la reducción del análisis filosófico al lógico-cientifista.
 Según ellos, no se trata, pues. de seguir analizando el lenguaje científico como el único que propiamente tiene significado, sino que se trata de analizar el lenguaje como en su pluralidad de usos y significados. Como vemos siguen las teorías ex­puestas por Wittgenstein.
Esta filosofía analítica presenta una doble dirección o dualidad de vertientes que se desarrollan paralelamente en las universidades de Cambridge y de Oxford, luga­res en los que ejercieron su docencia los discípulos del segundo Wittgenstein.
La escuela de Cambridge
Esta escuela está representada fundamentalmente por Wisdon. discípulo y suce­sor en la cátedra de Wittgenstein. y también por Malcon, Waismann y Paúl. Todos ellos desarrollaron la concepción de la filosofía como "terapia de los hechizos del lenguaje".
El interés de ellos se centra en el análisis del lenguaje ordinario con el único fin de determinar el sentido de las palabras sin ningún tipo de prejuicios, ni doctrinal ni terminológico.
Los problemas filosóficos son "perplejidades" que se producen por el uso de enun­ciados paradójicos que. si bien no son verdaderos, no por ello hay que desecharlos como carentes de sentido, sino es preciso hacer un esfuerzo de análisis e interpreta­ción. Es necesario, pues, desentrañar la ambigüedad de sus términos para descubrir su significado especial. Esta corriente usa el método analítico-descriptivo, que vie­ne a ser parecido al método del psicoanálisis. Al igual que el psicoanalista, el filóso­fo analítico toma conciencia de cómo ilustrar y cómo desfigurar ciertos modelos metafísicos.
La escuela de Oxford
Constituye otra dirección de la filosofía analítica y seguidores de Wittgenstein. Se diferencia de la anterior porque realiza un análisis filosófico del lenguaje más constructivo. Más que el lenguaje cotidiano, su interés está en el lenguaje ético. psicológico, científico, religioso, etc. con el fin de establecer los limites precisos de significación en cada uno de ellos. Representantes son; Ryie. Austin y Strawson.
 ACTIVIDADES A. De comprensión:
1. Define en el contexto del tema los siguientes términos: "mundo, sentido, re­ferencia, análisis, tautología, figura, significación".
2. ¿En qué consiste el "movimiento analítico" y qué corrientes filosóficas se desarrollan en él?
3. Identifica las teorías del lenguaje que Wittgenstein desarrolla en el Tractatus, y explica en qué teorías se apoyan.
4. ¿Por qué afirma Wittgenstein, en su primera etapa, que "los límites de mi lenguaje significan los límites de mi mundo"?
5. ¿Cómo define la filosofía Wittgenstein, a partir del desarrollo de las teorías expresadas en el Tractatus7
6. Identifica y explica algunas características de los "neopositivistas" referidas al lenguaje científico.
7. ¿Cuáles fueron las causas que incidieron en Wittgenstein para cambiar al análisis del "lenguaje ordinario"?
8. ¿Qué novedades aportan las nuevas teorías del lenguaje explicadas en la obra Investigaciones filosóficas, con respecto a las teorías explicadas en el Tractatus
9. Explica, en el contexto del texto, qué quiere decir Wittgenstein con la frase: "no preguntes por el significado, pregunta por el uso".
10. ¿Cuál fue el objetivo de la corriente "filosofía analítica", y qué aportes hizo con respecto a la corriente neopositiva?
B. De aplicación:
1. Señala algunas semejanzas y algunas diferencias entre el primero y el segun­do Wittgenstein.
2. Explica la secuencia: empirismo-positivismo-neopositivismo.
3. Señala los aspectos de otras filosofías que están presentes como antecedentes en la filosofía de Wittgenstein.
4. ¿Qué aplicabilidad le ves a la filosofía del lenguaje expuesta por Wittgenstein? Analiza la respuesta desde la perspectiva del aprendizaje de la asignatura de Español.
5. ¿Qué es más importante: el significado de las palabras o el uso de ellas? Razona tu respuesta desde el análisis de las teorías expuestas por Wittgenstein en las Investigaciones.